De tu mano por un instante
El amor no siempre es esa flecha puntiaguda y dolorosa. Acertada. Indudable y certera sobre su trayecto. A veces es también un camino agrietado. Pero queremos creer que no somos solo transeúntes en la vida del otro, sin dejar ninguna marca. Buena o mala. Debe haber una impronta. Porque si no somos, sencillamente, otro disco rayado.
No gozo de su amor ni de sus palabras sabias, que tanto sabían abrazarme en mi tristeza. Tampoco tengo su porte o fortaleza. Solo tengo el ADN dictador de tantas de mis conductas, de mis gestos y mi semblante. Pero a mi mamá no la tengo. No estará presente en mi próximo cumpleaños. Ni en mi casamiento. Ni en el nacimiento de mis hijos. No estará en mis logros. No estará
Intenté escaparle a una enorme cantidad de tristezas que me trajo su ausencia. Me asechan ya, con entidad propia, esperando el momento mas vulnerable para pincharme incansablemente hasta el llanto. Renuncié a cualquier tipo de coraza que me haya puesto para darles lugar y permitirme la tristeza. Y aún así no encuentro consuelo. No me siento aliviada. No me siento mejor. Ella no está y punto.
Desearía tener el valor de dejarte para siempre. Desearía hundir el barco sin advertencia. Ser la que está del lado de la indiferencia como resultado de una mera extensión de tu pequeño pero eficiente narcisismo que no le permite distinguir posibilidad de cambio y no de este: El lado del pensamiento obsesivo. La repetición neurótica. La necesidad de reafirmación constante. La falta de entereza ante el más mínimo obstáculo. El desborde anímico. Ese momento donde se desdoblan tus peores cualidades y yo, torpe, ignorante, me abandono a mi para permanecer tuya
No tengo suficiente fuerza en los brazos para abrazar tu dolor. No tengo consuelo. Solo miedos latentes en la cabeza. El deseo de que el tiempo ya no avance
Nada mas quiero, en este preciso instante que la vida me observa de apariencia sosegada, inmóvil, un manojo pequeño de todo eso que me dio tu presencia Una cucharada espesa y atestada de vos. Una inyección de tus palabras, tu roce y semblante. Un ungüento curativo con un tinte al menos, de lo que conocí y viví con total convicción de su tenuidad y atesoro con la mas alta estima Un tinte de todos los colores que fuiste Pero como duele esta herida de esperas y escepticismo. Duda, inquietud y una llamarada que se apaga. Quiero irme de mi y de mi cabeza por un rato. De extrañarte y quererte a mi lado
A veces puedo volver a ese instante donde la arena se escapaba entre mis dedos, y mientras miraba al horizonte cubierto de un cielo celeste como nunca, sin una nube, el sol pegaba en mi cara y yo sentía la paz de la liberación de endorfinas, el viento mimándome la cara La casa en la loma verde. Las tostadas por la mañana, y el café con leche
Mi relación con la religión es complicada, quizás nula. No creo que las cosas pasan por obra de Dios. Tampoco creo que pasen porque el destino lo deparó. Simplemente creo que las cosas pasan y punto. Pasan por una cadena de sucesos anteriores cuyas consecuencias son las cosas que pasan. Y no hay obrar mágico ni divino. Sin embargo sí parece mágico, quizás extraordinario, los sucesos aislados, irrelevantes, minúsculos, inclusive mundanos que nos llevan a que sucedan cosas, horribles o extraordinarias. ¿Qué mariposa aleteo del lado del otro lado del mundo, quizás tiempo atrás, que llevó a que hoy no estés acá conmigo? Pero a su vez, ¿qué sucesos aislados, irrelevantes, minúsculos, mundanos sucedieron para que podamos coincidir en esta vida?