De tu mano por un instante 

Y sé que todo está bien 

Apoyo mi cabeza en tu hombro
Por unos instantes desaparece
El miedo al pecho punzante

Al flechazo roto
A las lágrimas en mis ojos
A la tiranía del olvido
A la amargura del desacuerdo
A la decepción como moneda corriente
A una variedad de promesas como facturas pendientes de pago y ya pasadas de su fecha de vencimiento

Que gracioso como funciona en mi cabeza el amor
En el ápice de su perfección
Se me da por pensarlo desvaneciendose

Ya me veo las náuseas
La caída en picada
Como una montaña rusa
Desde ahí arriba todo se ve lindo
Pero la caída es algo distinto

Al costado de esta herida que no cura
Igualmente
Una moneda. A disposición de una nueva partida
En la ranura que promete el amor

El amor no siempre es esa flecha puntiaguda y dolorosa. Acertada.  Indudable y certera sobre su trayecto. A veces es también un camino agrietado. Pero queremos creer que no somos solo transeúntes en la vida del otro, sin dejar ninguna marca. Buena o mala. Debe haber una impronta. Porque si no somos, sencillamente, otro disco rayado.

No gozo de su amor ni de sus palabras sabias, que tanto sabían abrazarme en mi tristeza. Tampoco tengo su porte o fortaleza. Solo tengo el ADN dictador de tantas de mis conductas, de mis gestos y mi semblante. Pero a mi mamá no la tengo. No estará presente en mi próximo cumpleaños. Ni en mi casamiento. Ni en el nacimiento de mis hijos. No estará en mis logros. No estará
Intenté escaparle a una enorme cantidad de tristezas que me trajo su ausencia. Me asechan ya, con entidad propia, esperando el momento mas vulnerable para pincharme incansablemente hasta el llanto. Renuncié a cualquier tipo de coraza que me haya puesto para darles lugar y permitirme la tristeza. Y aún así no encuentro consuelo. No me siento aliviada. No me siento mejor. Ella no está y punto.

Una vez te dije que cómo la vida sabía que iba a golpearme de las maneras mas dolorosas e inimaginables posibles, te mandó a vos para que me acompañes. Que me hacías sentir protegida bajo tu brazo, contenida en tu compañía, agradecida eternamente por las sonrisas que me sacabas. Quizás fue mi culpa cargarte con tantos de mis pesares 

Ahora todo mi mundo gira en torno a tu ausencia, en extrañar la calidez que me transmitía tu abrazo, que me aliviaba y adormecía como una droga. Gira en torno a tu mensaje y tu presencia, así como en torno a tu ausencia y tu silencio. A tus ojos verdes inundados de tristeza. Al abismo que nos separa y también nos une. A los mismos sentimientos que innumerable cantidad de veces nos han hecho sentir solos. Al ansiolitico que me resultaba dormir abrazada a tu mano, cuando pensé que no podía volver a sonreír. Y me aferro a tu mano como a este sentimiento que espero que no se vaya, espero que no te vayas

Desearía tener el valor de dejarte para siempre. Desearía hundir el barco sin advertencia. Ser la que está del lado de la indiferencia como resultado de una mera extensión de tu pequeño pero eficiente narcisismo que no le permite distinguir posibilidad de cambio y no de este: El lado del pensamiento obsesivo. La repetición neurótica. La necesidad de reafirmación constante. La falta de entereza ante el más mínimo obstáculo. El desborde anímico. Ese momento donde se desdoblan tus peores cualidades y yo, torpe, ignorante, me abandono a mi para permanecer tuya

la tinta no secó y en palabras dije muchas cosas pero en mi corazón todavía queda tanto por decir


En el 2012 o 2013, la vida no era más complicada que caminar de la mano por Devoto, besarnos como si nadie estuviera mirando y hablando a los gritos con la desinhibición que sólo permite semejante enamoramiento. Poco recuerdo de eso excepto algunas salidas esporádicas a comer hamburguesas o juntadas en tu casa y la sensación estúpida de que todo era amor, incluso lo que más nos dolía. Ignorábamos los dolores que la vida nos depararía de allí en adelante. Romantizábamos todo y la existencia era sencilla. Yo en particular, ignoraba que vos eras un pibe, sin más, y que aunque me amabas ibas a lastimarme (y cuánto). 

Aún así, la vida era sencilla como amar o no hacerlo. Como pelear y arreglarse. Más adelante todos entendimos que hay cosas que se rompen sin reparo y que los héroes se nos mueren. Entendimos que el amor a veces es insuficiente.Nos volvimos más escépticos a fuerza de moretones, más mentales. Pero por lo menos lo intentamos 

Cada día nos convencimos más y más de que no íbamos a tenerlo todo, no importa cuánto lo deseásemos. Por momentos solo se trataba de elegir lo que haga menos daño y al final no había una opción que remediase todo

Seguido de hecho, no había una opción que remediase nada. Fue algo así como darnos cuenta de que pasados los 15/16, la versión de prueba había caducado y que el programa real distaba mucho del demo. Algo así como el aviso de "compras dentro de la app", pero sin el aviso de compras. Una suerte de estafa, si nos ponemos reflexivos

Nos dimos cuenta también que no éramos tan invencibles. No podíamos escaparle a las consecuencias de nuestras atropelladas acciones, y ciertamente no podíamos escaparle a la experiencia de la vivencia que tan eludible creíamos. Creíamos muchas cosas. Creíamos también más en nosotros. Después nos volvimos más inseguros, justamente porque la vida nos despojó un poco de ese rapto de éxtasis que nos daba, estúpida y sencillamente, el no saber nada

Nos dio miedo darnos cuenta que no podemos anticipar nada. Nos calmaron con un cachetazo. La vida nos dijo que somos menos de lo que creíamos. Y menos que eso también. Nos quitó años solo con esa lección.

 Y no te voy a mentir, yo un poco cada año me siento más de eso y menos de lo otro. Tengo más miedo y menos vigor, menos ansias de vivir. Me siento, me considero, menos vital y más prescindible. Pero de una forma más realista también. Sin la borrachera necia de la juventud. Sin el arrebato irreflexivo y autómata del que gozábamos cuando nos conocimos


Las charlas se vuelven vacías y no tienen más contenido que ese de las miradas tristes. Nuestros cuerpos quieren decirse un montón de cosas que no caben en el imaginario del diálogo. El lenguaje se queda corto para expresar lo que el corazón comprime. Un órgano del tamaño de mi puño encierra más pesares y pasiones que un barco carguero 

 Asumo sin reparo que esta muerte nos acorrala. Somos ebrios de un silencio que corta el aire, apaga el sol. Oigo el sonar de una sirena que anuncia nubarrones y despedidas. Cutículas machacadas y el mundo teñido de blanco y negro Asumo y me entrego al delirio que significa el desamor. Pudiera creer el mas escéptico, como un idiota por cariño se presta una y otra vez al mismo desenlace tortuoso y anunciado

La ausencia se va volviendo un recuerdo. Que se va apagando de a poco dentro mío. Hasta agonizar.

cada día que pasa me siento mas lejos de los momentos mas felices de mi vida

No tengo suficiente fuerza en los brazos para abrazar tu dolor. No tengo consuelo. Solo miedos latentes en la cabeza. El deseo de que el tiempo ya no avance

Nada mas quiero, en este preciso instante que la vida me observa de apariencia sosegada, inmóvil, un manojo pequeño de todo eso que me dio tu presencia Una cucharada espesa y atestada de vos. Una inyección de tus palabras, tu roce y semblante. Un ungüento curativo con un tinte al menos, de lo que conocí y viví con total convicción de su tenuidad y atesoro con la mas alta estima Un tinte de todos los colores que fuiste Pero como duele esta herida de esperas y escepticismo. Duda, inquietud y una llamarada que se apaga. Quiero irme de mi y de mi cabeza por un rato. De extrañarte y quererte a mi lado

A veces puedo volver a ese instante donde la arena se escapaba entre mis dedos, y mientras miraba al horizonte cubierto de un cielo celeste como nunca, sin una nube, el sol pegaba en mi cara y yo sentía la paz de la liberación de endorfinas, el viento mimándome la cara La casa en la loma verde. Las tostadas por la mañana, y el café con leche


Como ya me pasó muchas veces, no pude evitar pensar que iba a estar recordando ese preciso momento más adelante como algo que me hubiese gustado que nunca se vaya e inevitablemente se fue. Y como una profecía autocumplida siento ese momento embeberse de tristeza agobiante a medida que le agrego detalles; la pizza de la abuela, el abuelo contándonos alguna historia mientras sacude el vaso para tirar los dados. La doble generala. A veces, al mismo tiempo que la vida nos da mucho, no nos da nada. Me ofrece una oportunidad anhelada, pero vacía de posibilidades. Me llena de todos esos recuerdos que enterré para no morirme de tristeza. Se me escapan de las manos como arena entre los dedos los miles de momentos que transitan mi cabeza mientras mis neuronas hacen sinápsis y cortocircuito a toda velocidad 

Entonces...me parece que me quedo acá. En la casa de la loma verde donde todavía todo lo malo no pasó

Te mire a cámara lenta, a suspiros largos

Mi relación con la religión es complicada, quizás nula. No creo que las cosas pasan por obra de Dios. Tampoco creo que pasen porque el destino lo deparó. Simplemente creo que las cosas pasan y punto. Pasan por una cadena de sucesos anteriores cuyas consecuencias son las cosas que pasan. Y no hay obrar mágico ni divino. Sin embargo sí parece mágico, quizás extraordinario, los sucesos aislados, irrelevantes, minúsculos, inclusive mundanos que nos llevan a que sucedan cosas, horribles o extraordinarias. ¿Qué mariposa aleteo del lado del otro lado del mundo, quizás tiempo atrás, que llevó a que hoy no estés acá conmigo? Pero a su vez, ¿qué sucesos aislados, irrelevantes, minúsculos, mundanos sucedieron para que podamos coincidir en esta vida?