Las charlas se vuelven vacías y no tienen más contenido que ese de las miradas tristes. Nuestros cuerpos quieren decirse un montón de cosas que no caben en el imaginario del diálogo. El lenguaje se queda corto para expresar lo que el corazón comprime. Un órgano del tamaño de mi puño encierra más pesares y pasiones que un barco carguero
Asumo sin reparo que esta muerte nos acorrala. Somos ebrios de un silencio que corta el aire, apaga el sol. Oigo el sonar de una sirena que anuncia nubarrones y despedidas. Cutículas machacadas y el mundo teñido de blanco y negro
Asumo y me entrego al delirio que significa el desamor. Pudiera creer el mas escéptico, como un idiota por cariño se presta una y otra vez al mismo desenlace tortuoso y anunciado
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