A veces puedo volver a ese instante donde la arena se escapaba entre mis dedos, y mientras miraba al horizonte cubierto de un cielo celeste como nunca, sin una nube, el sol pegaba en mi cara y yo sentía la paz de la liberación de endorfinas, el viento mimándome la cara La casa en la loma verde. Las tostadas por la mañana, y el café con leche
Como ya me pasó muchas veces, no pude evitar pensar que iba a estar recordando ese preciso momento más adelante como algo que me hubiese gustado que nunca se vaya e inevitablemente se fue. Y como una profecía autocumplida siento ese momento embeberse de tristeza agobiante a medida que le agrego detalles; la pizza de la abuela, el abuelo contándonos alguna historia mientras sacude el vaso para tirar los dados. La doble generala.
A veces, al mismo tiempo que la vida nos da mucho, no nos da nada. Me ofrece una oportunidad anhelada, pero vacía de posibilidades. Me llena de todos esos recuerdos que enterré para no morirme de tristeza. Se me escapan de las manos como arena entre los dedos los miles de momentos que transitan mi cabeza mientras mis neuronas hacen sinápsis y cortocircuito a toda velocidad
Entonces...me parece que me quedo acá. En la casa de la loma verde donde todavía todo lo malo no pasó
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