El amor no siempre es esa flecha puntiaguda y dolorosa. Acertada.  Indudable y certera sobre su trayecto. A veces es también un camino agrietado. Pero queremos creer que no somos solo transeúntes en la vida del otro, sin dejar ninguna marca. Buena o mala. Debe haber una impronta. Porque si no somos, sencillamente, otro disco rayado.