Princesa hinchapelotas
No se porque sucedió así, pero lo vi caminando en la lejanía del sendero, una luz de algún automóvil dibujaba su silueta, y se acercaba a mí mientras yo exhalaba humo por la boca. –Compremos unas cervezas por favor- rogó mi yo interior que intentaba buscar una solución estúpida a esa estúpida y fría noche de Septiembre. Salimos del supermercado con dos cervezas calientes, pero no importó demasiado y nos sentamos en los bancos fríos de la plaza, que ya estaba tapada de sombras. Bebiamos y hablábamos. No quería reconocer mi problema.

De mi cuerpo salía cierta energía que no se apaciguaba, era una electricidad, una especie de frenezí y mi boca no paraba de balbucear las mismas palabras de siempre: es que no sé, lo odio, me odia, nos odiamos. Quizas siempre va a ser así. Tras llegar al fondo de la botella decidimos caminar, comprar mas cerveza y caminar. Pasamos cerca de un grupo de gente, jóvenes que siempre están en la plaza, fumándose fasos y tomando alcohol, y ambos escuchamos que comentaban sobre algo, pero resaltó la frase “princesa hinchapelotas” y sentí que esa era yo (por mas que obviamente no se refirieran a mi), y que siempre iba a ser yo.