Diario de un idiota 


La necesito nuevamente en mis brazos para jurarle que jamás la dejaría ir, que fui un tonto, que hice malas elecciones, pero que ella era de la que mas seguro estaba. Era tan mía y tan suya a la misma vez, me juraba amor y me amó como jamás nadie. Se escondía en mi piel, me desgarraba a besos y yo me sucumbía ante su amor y su espalda huesuda. Su amor era un néctar que jamás nadie pudo probar, era esencia, era aromas era vibrar y caminar y correr y volar. Era seguir adelante siempre, era tomarse la mano y no soltarse nunca. Nunca. Ahora ella anda por allí y por allá, quien sabe.  Jamás voy a poder a olvidarla, siento sus manos huesudas tocar la puerta y me vuelvo loco. Pienso en cada una de sus pecas, la ubicación de sus lunares y su sonrisa torcida. Su nariz roja y sus cachetes huesudos. Pienso que jamás volveré a verla, que fue producto de una vida que ya no tengo más y que a partir de ese momento nada podría ser mejor.