Los invitó a salir a fumar un último cigarrillo al jardín; era un modo de despedirlos. El desconocido
cerró la valija y los siguió. Fumaron mirando el crepúsculo, y oyeron adentro los chapoteos alegres
de la niñita en el fuentón. Efectivamente, era demasiado temprano, pero no estaba mal hacerlo
de todos modos. Unas abejitas vespertinas zumbaron sobre los setos, sin acercarse a las
figuras que ya se oscurecían. Y como suele suceder, la noche apareció súbitamente, como si no
la hubieran estado esperando. Una ola de gris creció en un instante de la tierra, sustrayendo todos los colores.
Y sin embargo, permanecía la luz del día, o algo así como su espectro, colgando de las montañas

1 Comment:

laura said...

Yo también he estado un poco desaparecida. Gusto de volver y de ver que vuelves ;)

Un beso!