No me importaba la hora, tenia que estar en casa antes de las 11, pero, arrojaría el reloj si fuese posible. No me importaba la hora, ni que pasara después si llegaba tarde a casa, disfrutaba de ese momento absteniéndome de las futuras consecuencias. Caminábamos como sombras en la noche, el cielo estaba espeso, oscuro, y las estrellas, como un suave manto cubrían el cielo de deseos y ilusiones. Me estaba llenando de palabras, de sentimientos, de todo. Pero no encontraba la manera de cómo expresarla. Me bastaba con saber, que ese momento era un cortocircuito de luz entre dos eternidades de oscuridad. Me bastaba con saber, que era solo un instante efímero a la vez, que junto a el, se volvía eterno.