Ambos nos sentamos en aquel banco de la plaza, se podría decir que la plaza estaba muerta. Llovía y no había nadie circulando a nuestro alrededor, solo la sinfonía de la lluvia, los gorgoteos de agua al caer, ambos bajo aquella manta de cielo que cubría nuestro mundo y lo apartaba de los demás. Solos. Inundados de recuerdos y de momentos vividos. Y en los minutos de silencio, se llenaba de recuerdos mi mente, abrasantes momentos, recuerdos tan vívidos que me provocaba una sensación de poseerlos al alcance, pero por más que extendiese la mano para sujetarlos, se desvanecían en el aire, se rompían ante mis ojos, y su desaparición lo hacía todo mas real, me encontraba con aquel duro golpe de la realidad y los gorgoteos no cesaban. Extendí mis manos hacia los dos lados, topándome con el agua en aquel banco verde, con ausencia, con vacio. Y todo parecía sereno. No sentía nada, pero a la vez todo, no sabia donde estaba, ni a donde iba, cada gota de la lluvia se sumía en una melancólica existencia. Todo desvariaba entre aquel paso, aquella decisión y mis acciones. ¿Sería ese el fin? Su presencia tan solo se transformaba en recuerdo. Mientras un abismo se abría entre mis pies, como afirmándome “Tu elijes el final” Y retrocedí. Otra gota de lluvia cayó sobre mi cabeza, y huí de aquel final.

Agus Simeone