Y ver a dos personas que se aman, discutir. Se cae el mundo, y prontamente te cerras e intentas construir uno nuevo.

Esto fue el golpe final, me atraveso muy profundamente el alma:

Hasta desearia vivir sola, hasta desearia morirme, mira que salida que me busco. 




Y ahi estaba yo, temblando involuntariamente, sujetando mis rodillas y abrazándome vacíamente emergiendo del abismo. La vi alejarse por la ventana del desván, me observo con unos ojos llenos de dolor. Me sumí en ese abrazo que era el único que podía recibir en ese instante, estaba sola, viviendo atrocidades, observando la pelea desde afuera, dolía, como si las mismas balas de aquella misma batalla me azotaran a mí contra el pecho. Sin embargo la única arma que utilizaban en esa batalla, eran palabras, que rotundamente me herían y lograban abrir viejas heridas soldadas tiempo atrás. Estaba sola, acurrucada en el baño, deseando que mi madre volviese, la vi desde la ventana y jamás supe si volvería, hasta quizás fuese la última vez que la viera, no lo sabía, no me habló, no me miró, no se acordó de mi existencia. Y desapareció por la puerta de casa. No sé de ella, ni ella sabe de mí, no sabe que el peso que siempre ellos provocan, la tención que ellos hacen, siempre cae sobre mí, mi hermano nunca está en estas situaciones, estaba ausente, en otra parte. Y yo, como una inmaculada lagrima de tristeza, me hundía en mi propio mar de recuerdos. Pero no era malo, eran recuerdos felices, que podían sostenerme en esos momentos. No quise llamarla a mi mamá, tampoco quise verlo a mi papa. Ver discutir a dos personas que se aman. Yo estaba ahí, ausente en la batalla, pero a la misma vez viviéndola y siendo espectadora de esa tétrica escena, escuchando todo desde arriba, cada palabra hiriente, cada frase, que ya olvidé. Como es posible que en dos segundos se caiga un reino, que en dos segundos se pueda conocer otro aspecto del dolor, que en dos segundos se me complique la existencia, y no solo la mía, sino, la de dos personas mas, que prometieron vivir juntos por siempre, envejecer juntos. No sé si esta historia murió, es de ellos, cada uno sabrá. Me encontraba sola y agradeciendo tener papel y tinta a mano. Ignoraba ese momento, hacia lo que podía, me rehusaba a creerlo posible, no quería abrir los ojos, no quería ver, no quería escuchar, en ese momento desee ser sorda.



Ver a mi madre alejarse, resentida, fue como ver lejano cada recuerdo dentro mío, incluso ver lejana mi existencia, todo se resumía al dolor que provocaba dentro mío, que hería como una llama apunto de salir por mi garganta. En la casa, había un silencio sepulcral. Sabia que esa discusión luego caería sobre mi, oir a mi madre decirle a mi padre que sus actitudes siempre caian sobre ella y sobre nosotros(yo y mi hermano) hiriente, porque no tiene razón, no, mi mama no la tiene, mi hermano se vuelve autista en estas situaciones y nada recae sobre él, o porque siempre está ausente o porqué es muy chico para comprender. Pero yo, yo lo viví, no cae solo lo que diga o haga mi padre sobre mi, cae, y con un mayor peso, lo que ambos hagan, los dos me lastiman, los dos. Si hay algo que siempre me han dicho es que las palabras son armas. Sus discusiones me asesinan. Me lastiman. Dificultan mi camino. Se cómo se debe sentir cada uno. Desconozco el futuro. Estoy confundida y asustada. Sola.