Me alegra poder pensar, que todo se asimila a un lago calmado. A un vidrio, limpio y pulcramente transparente… esperando a ser roto, claro.


Esa es la parte que no quiero que llegue. Resquebrajarme en añicos, otra vez no. Y ver en los reflejos rotos, reminiscencias del pasado. Que corrompen fuertemente el alma por dentro.