Las palabras duelen como balas contra el pecho.
En la arena se marcaban las huellas con fuerza de las personas caminando. Se escuchaba el suave sonido del mar, y el agua llegaba hasta las huellas y las borraba facilmente. Mas bien, no las borraba, se las llevaba. A donde nadie jamas pobra volver a verlas. Simplemente dejaron de existir. Pero pasaba alguien mas y continuaba marcando huellas, distintas a las primeras, mas profunas. Pero el mar las borraba sin dificultad. Incluso las piedras se llevaba, los caracoles. Pensando que talves, nadie los necesitese por mucho tiempo.