“Mientras el triste sonido de un viejo reloj, dictaba el paso del tiempo, ella seguía pensando en el. El reloj taladraba su cabeza. No quería seguir escuchando como el tiempo se iba escapando lentamente de sus manos y seguían corriendo los días, las horas, los minutos. Denotaba el mismo sufrimiento de un piano sonando: Un alma rota en su puro estado de melancolía. Como un recuerdo guardado en un frasco de cristal. Un líquido recuerdo, que se derramo y a su paso, como un pequeño río, dejo sus huellas en el suelo. Y percatándose en cada paso que daba, recordaba los pasos que ya habia avanzado, un confuso laberinto en medio de la mas profunda selva. Tantos errores que hoy en dia pudo haber corregido, solo fue un iluso error de estrategia, pensó. En un momento estoy en un laberinto, y en otro naufragando en el mar, a veces estoy en una partida de ajedrez o en un campo de batalla. Quizás mi error fue esperar demasiado. Nada ni Nadie va a salvarme de mi propio naufragio, nada ni nadie va a aliarse conmigo en esta batalla, y nadie va a encontrarme perdida en un laberinto si ni siquiera yo me encuentro. No se si estoy perdida en un lugar conocido o encontrada en un lugar que no conozco. No se si estoy olvidada por un recuerdo o un recuerdo me esta olvidando.”
Es todavía esa carta, junto a ese reloj precipitado y aturdidor, que se encuentra aun sin abrir. Aun sola, esperando a ser leída, con aquellas líneas especialmente redactadas para leer en silencio, con aquellas líneas que dulcemente susurran el sonido de tu voz.

Agustina Simeone;














7:32 Cielo despejado y claro,
 el sol se esta ocultando
y yo mientras, escribia esto.