Otoño

Ya comenzaba a darme cuenta de los sutiles indicios de la muerte del dia. Las hojas del sauce comenzaban a ponerse amarillas como llamas furiosas, color dorado y escabroso. En el suelo bajo esa fina capa de fragosas hojas, la tierra comenzaba a humedecerse. El cielo permanecía encapotado sin permitir ver el rayo del sol. La pared tétrica que en algún momento fue blanco ahora es gris deslucido. Siempre a esa hora, solo en ese día. Cuando ella despierta de su dulce sueño, y se levanta para deambular por el jardin, con su sombrero negro, con su vestido gris. Con su mirada encima y con su alma perdida. Así sucede cada noche de otoño en esa fecha, cuando cayo de su nido y nadie la quiso buscar, tomando forma humana intentando meterse por alguna ventana, para apoderarse de un alma inocente y enamorada.