Llevo días intentando explicarte aquel miedo del que últimamente te hablo aquel miedo que no es de mí, sino de tu propio miedo. Aquel miedo que me hace temblar, que ya no consigo superar enfrentándolo de cara y plantándome firme sobre mis piernas temblorosas. Es ese miedo que se me ha clavado dentro, entre la esperanza y las ganas y me ha convertido en marioneta involuntaria de las circunstancias. Y no tengo aliento para seguir gritando que se aleje, que yo aún creo en mí. Porque ese miedo es mentira