— Algo hay que hacer — dijo mientras continuaba rompiendole el brazo en dos — vamos a salir adelante— insistía mientras le clavaba un puñal por la espalda y dejaba la sangre brotar, que estúpida y ciega, que importante ser una persona así, que estúpido uno se debe sentir— nosotros podemos seguir, sabes que te amo, y nunca voy a dejar de amarte, nunca voy a dejar de hablarte por que sos una gran persona— concluyó a la vez que observaba aquel pozo negro en el suelo, donde ahora yacía ella, tan pálida tan perdida, tan estúpida . 


Diario de un idiota 


La necesito nuevamente en mis brazos para jurarle que jamás la dejaría ir, que fui un tonto, que hice malas elecciones, pero que ella era de la que mas seguro estaba. Era tan mía y tan suya a la misma vez, me juraba amor y me amó como jamás nadie. Se escondía en mi piel, me desgarraba a besos y yo me sucumbía ante su amor y su espalda huesuda. Su amor era un néctar que jamás nadie pudo probar, era esencia, era aromas era vibrar y caminar y correr y volar. Era seguir adelante siempre, era tomarse la mano y no soltarse nunca. Nunca. Ahora ella anda por allí y por allá, quien sabe.  Jamás voy a poder a olvidarla, siento sus manos huesudas tocar la puerta y me vuelvo loco. Pienso en cada una de sus pecas, la ubicación de sus lunares y su sonrisa torcida. Su nariz roja y sus cachetes huesudos. Pienso que jamás volveré a verla, que fue producto de una vida que ya no tengo más y que a partir de ese momento nada podría ser mejor.

El boulevard estaba soleado, su blusa volaba con el viento caluroso, su cabello también, se revoloteaba como loco sobre su rostro. Ella sonreía como si el mundo estuviera a sus pies. No podía parar de mirarla, vibraba junto a cada fibra de mi cuerpo y me hacía estremecer, era linda. No no era solo linda, era dueña de una belleza que te acalambraba y te podía volver loco, quizás la confundías con un ángel, con el paraíso mas lindo sobre la tierra. Yo la seguía torpemente al costado, no podía parar de mirarla.
El olor a naranjo y a cigarrillo invadía el ambiente, no paraba de tomar pitadas del pucho. Lo fumaba con una gracia única, aquella de la que nadie era poseedora. Tenía una armonía, una sintonía que me hacia entrar en un éxtasis total cada vez que involuntariamente rozaba su suave mano. Su mano colapsaba con mi mano y yo no podía parar de pensar ni un segundo en cómo era posible que su piel fuera tan suave, ella continuaba consumiendo el tabaco y mirando al frente como si su mundo no fuese perturbado por nada en realidad. Parecía tenerlo todo bajo control, su remera se resbalaba en el hombro, y con un simple movimiento volvía a ponerlo en su lugar, los cabellos locos sucumbiéndose al son del viento le daban aún más un aspecto celestial.
Ojalá pudiese recordarla así todos los días, proclamándose diosa y musa del atardecer. Hoy yace en un mundo encapotado de nostalgia y tristeza, sucumbida ante los años y la juventud que dejó atrás. Con los dientes arruinados por el tabaco y el pelo tan marañoso que jamás volvió a volar. Era un ángel caído, era eterna, y eso es lo que sucede con las eternidades, jamás dejan de ser eternas, pero todo lo demás si. 

Princesa hinchapelotas
No se porque sucedió así, pero lo vi caminando en la lejanía del sendero, una luz de algún automóvil dibujaba su silueta, y se acercaba a mí mientras yo exhalaba humo por la boca. –Compremos unas cervezas por favor- rogó mi yo interior que intentaba buscar una solución estúpida a esa estúpida y fría noche de Septiembre. Salimos del supermercado con dos cervezas calientes, pero no importó demasiado y nos sentamos en los bancos fríos de la plaza, que ya estaba tapada de sombras. Bebiamos y hablábamos. No quería reconocer mi problema.

De mi cuerpo salía cierta energía que no se apaciguaba, era una electricidad, una especie de frenezí y mi boca no paraba de balbucear las mismas palabras de siempre: es que no sé, lo odio, me odia, nos odiamos. Quizas siempre va a ser así. Tras llegar al fondo de la botella decidimos caminar, comprar mas cerveza y caminar. Pasamos cerca de un grupo de gente, jóvenes que siempre están en la plaza, fumándose fasos y tomando alcohol, y ambos escuchamos que comentaban sobre algo, pero resaltó la frase “princesa hinchapelotas” y sentí que esa era yo (por mas que obviamente no se refirieran a mi), y que siempre iba a ser yo. 


Es tarde
Tengo un reloj que dice que es tarde para arreglar las cosas. Pero vos decías no se que de que todas las cosas en realidad tienen solución menos la muerte. Entonces yo creo que fallecimos, y tuvimos hasta 37 funerales por lo menos. Suena trilladisimo, como si ambos hubieramos constituido una sola persona que duró unos años de vida y se encontró tarde o temprano (temprano) con la muerte. Digo temprano porque pienso que pudimos haber sido más, pero tengo un reloj que dice que es tarde.



I
Nos disolvíamos. Intentábamos inútilmente sostener todo con palabras, con miradas y con la corazonada de que las cosas iban a salir bien. No se que te detuvo de intentar, no se que nos detuvo. Quizás era tiempo de irnos, de soltarnos hacia mucho tiempo, pero teníamos el peso de los recuerdos, de los besos, las sábanas y las risas y de una lista infinita de experiencias. Una lista que en algún momento debía concluir.

II
Pensé que la tristeza iba a irse porque seguiríamos intentando y eso es lo que más importa ¿Y que podíamos perder si nos teníamos a nosotros mismos? ¿Qué podía perder si te tenía a vos?


II
Lo malo de los finales, o no se si tan malo, era que nunca se sabe realmente si es el final. Pero yo lo había corroborado, yo lo sentí así, era el final. Y lo malo de los finales es lo que viene después. Los recuerdos, las fotos, los aromas y los lugares. Como cuando termina la fiesta y hay un desorden masivo que poner en su lugar. Tenes que poner todo en su lugar. Y quedan botellas vacías, platos sucios, y esa incoherencia que hay entre lo fuerte y la nada. Ese contraste entre “ayer me querias hacer el amor y hoy ya no me querés ni hablar”.

III
El próximo capitulo. Y ahí entendi todo. Y todos los significados y dolencias que llegaron después de eso. Yo quería ser un puto libro entero.

IV
No estoy orgullosa de lo que vino después del final, de lo que vino después del amor. De la búsqueda de otros brazos, otras mentes y otros labios. De la permanencia en un lugar en donde no sabía si quería estar. De la búsqueda de sonrisas y de momentos efímeros. Tenía la teoría de que llenando la cabeza de recuerdos nuevos los viejos iban a irse, iban a ser succionados por un agujero negro y jamás iban a volver. No fue así.

V
Después de todo otros labios no eran los tuyos. Y los tuyos ganaban por afano. Nada ni nadie podía ganarte. Y yo te había perdido.

VI
Pensé innumerables veces que iba a encontrarte, que mirarme iba a provocar alguna chispa en vos e ibas a abrazarme y sostenerme. Pero las chispas solo existen en las velas de cumpleaños, en los fósforos a segundos de prenderse y volverse fuego. Y nosotros hace rato que nos habíamos apagado.

VII
La playa y el mar me sacaron grandes sonrisas. Un amigo siempre ayuda.

VIII
Lo mejor que puede pasarte es cansarte de algo que te hace mal. Esa frase resonaba en mi mente como la mismísima conciencia gritándome. Quizás eso nos pasó. Las ultimas veces eran malas, éramos villanos, yo en tu vida, vos en la mía. Y parecía no haber héroes ni finales felices. Pero hubo finales. Y yo juraba que podía darte todo, pudiste haber tenido todo. Pero no podía seguir dándote partes de mí.

IX
Me hizo feliz verte por el ventanal de Bien de Bien ese café al que no volví nunca más. Me hacía feliz no verte de la mano de cualquier persona que no fuera yo. Me reventaba pensar que ahora tus abrazos podían ser de alguien mas, tus besos y tus manos y tu sonrisa. Tu sonrisa que innumerables veces yo había besado.  El Bien se sentía tan lejos, pero aún así estaba sentada en ese café.

X
El año que nos conocimos no hubo verano, quizás por eso nos conocimos.


XI
And she was like a blade of ice. Like a lonely road. Clear as day, alive. Always beautiful. Y todas las canciones que hablaban de nosotros. Recuerdo que me dijiste que me recordabas así, me veías así. 


XII
Quisiera poder decirte que estoy bien, que recompuse mi vida y continué la marcha. Quisiera decirte que no arde fuego en mis entrañas cada vez que oigo tu nombre, sea o no referido a ti. Quisiera decirte que camino de la mano de la felicidad, que estoy de pie y que jamás caeré. Quisiera decirte cuanto siento lo que nos pasó, cuantas cosas construidas para ser desechadas.. cuantas cosas que se forman y luego nos destruyen. Quisiera decirte que hoy fue un día como cualquier otro, pero no lo fue. Hoy es diferente, hay un ambiente a benevolencia que me rasguña la piel y se siente bien. Quisiera poder decirte que no te pienso y que continúe mi vida aunque quisiera que terminara contigo. Quisiera poder decirte tantas verdades, y la verdad es que aún te pienso.